Google+ El s. XXI en violeta: El Burka, una reflexión desde la izquierda

"Em declare en contra de tot poder cimentat en prejudicis, encara que siguen antics"

Mary Wollstonecraft

dimecres, 16 de juny de 2010

El Burka, una reflexión desde la izquierda

Cristina Simó Alcaraz, Secretaria Mujer PCE / 03 jun 10

Tenemos un debate abierto, entre la mal llamada “tolerancia” o la “prohibición” del Burka. En este debate se mezclan intereses ideológicos que pasan por encima de la igualdad de género, desclasando y marginando a las mujeres una vez más.

Por un lado la derecha xenófoba, defiende la prohibición del Burka por su intolerancia a la diversidad religiosa y cultural, pues en realidad, la violencia que la religión ejerce a través de sus creyentes sobre las mujeres, no les importa en absoluto.

Mientras que sectores de la izquierda no se plantean legislar, ni prohibir el Burka, por respeto a la diferencia y a la diversidad, a mi entender la mal llamada tolerancia. Prefieren evitar conflictos con los machistas que defender la igualdad de género y prohibir cualquier acto de violencia sobre las mujeres. Parece ser que ellas, las trabajadoras inmigrantes pertenecen a una subclase de la clase trabajadora, son las otras, las mujeres de…, que pueden ser esclavizadas.

Ante esta realidad compleja, llena de contradicciones, en nuestra sociedad pretendemos educar en valores de igualdad, pero ¿a quienes?, ¿es que existe ciudadanía de primera que puede ser sujeto educable, y ciudadanía de segunda que no?

¿Es que las otras, las de fuera, las inmigrantes, unas pueden ser prostituidas y otras esclavizadas con el Burka, por el mero hecho de ser el eslabón más bajo de nuestra sociedad, el rostro (SIN ROSTRO) femenino de la pobreza?

Ser permisibles es aceptar la violencia y la desigualdad. Dicha incoherencia de valores no ayudará a erradicar las víctimas de la violencia machista en nuestro país.

Según el “Artículo 1 de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Naciones Unidas, 1994.Violencia de género es todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública.

Susana Velázquez (2003) amplía la definición de violencia de género: Abarca todos los actos mediante los cuales se discrimina, ignora, somete y subordina a las mujeres en los diferentes aspectos de su existencia. Es todo ataque material y simbólico que afecta su libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral y/o física.

El “BURKA “es una prenda capaz de garantizar el control sobre el cuerpo de la mujer, ya que cubre los ojos con un ‘velo tupido’ que impide que quien la usa pueda ver normalmente, puesto que el ‘enmallado’ limita la visión lateral haciendo perder la ubicación espacial, volviendo a la usuaria dependiente de otra persona para poder desplazarse con eficacia, especialmente en espacios abiertos.

Uno de los objetivos del “velo tupido” es evitar que el rostro y los ojos sean visibles. El burka ejerce fuerte presión sobre la cabeza (pesa unos 7 kilos), aumentando la fatiga al caminar. La extensión promedio de la prenda es hasta la altura de los pies, no solamente para cubrir todo el cuerpo, sino para garantizar mayor dificultad en el desplazamiento, impidiendo especialmente que se pueda correr con ella.

El BURKA actual no es un vestido, es una CÁRCEL de TELA que somete a las mujeres a la dificultad de no ver con claridad nada que no se encuentre a un metro de distancia frente a sus ojos. Produce una visión de "anteojeras", que hace perder la vista de los ángulos laterales estrechando el campo visual que aparece, detrás de las celdas del tejido que se abre a la altura de los ojos, "enrejando" todo lo percibido. Las miradas de estas mujeres están presas, como sus cuerpos.

Una dirigente de la organización clandestina de mujeres afganas RAWA*, confirma esta idea cuando dice: ‘...Es como una cárcel. Da calor y aísla. Las mujeres no pueden reconocerse. Las que necesitan gafas, no pueden usarlas. Es como si, además, fueran casi ciegas. El tejido que cubre sus ojos debe ser suficientemente tupido pues a algunas mujeres les pegan por llevar los agujeritos demasiado grandes. Para las mujeres, la obligación de llevarla ha sido un trauma, porque es humillante, dificulta todos los movimientos y también ver...’ A menudo, la poca visibilidad que permite la pequeña abertura provoca, al cruzar las calles, serios accidentes que llevan a estas mujeres a la muerte.

En nuestras calles empiezan a verse mujeres musulmanas tapadas de pie a cabeza, sin mostrar su rostro. Sometidas y aisladas bajo el Nikab, que no es lo mismo que el Burka, pero también deja una mínima franja para los ojos.

Todas las religiones, y sus tradiciones repercuten en una posición de desigualdad de las mujeres con respecto a los hombres y se entiende que debe respetarse la libertad de culto, pero también debe hacerse una reflexión sobre por qué este tipo de tradiciones no recaen sobre los hombres. La cara tapada sitúa a la mujer en una situación de aislamiento y de sumisión.

Ayer Carod Rovira vicepresidente de la Generalitat Catalana, en una entrevista a Europa Press, rechazaba prohibir el Burka por ley, pues concretó que sólo se han detectado seis casos de uso del burka en Cataluña.

Y yo me pregunto, ¿es que hemos de esperar a que sean cien las personas humilladas? ¿Es tolerable un solo asesinato de violencia de género? ¿ Es tolerable una sola ablación? Entonces, si el Burka es injusto, si es humillante, si degrada a la persona que lo sufre y a todas las demás que lo ven, lo toleran y no hacen nada, ¿porque no se quiere legislar? Esto solo tiene un nombre: por cobardía política.